La crisis dicta sentencia y manda al patíbulo a otras 19 empresas en Jaén incapaces de salir adelante
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La cifra de procesos concursales crece un 50% en el primer semestre, una señal evidente de que la crisis se ha enquistado
Mucho se ha especulado sobre si la gráfica de esta crisis describiría forma de 'V', lo mejor, o de 'U', lo peor. Y poco a poco se va despejando la incógnita y conociendo indicios que, desgraciadamente, apuntan a la segunda de estas hipótesis. Por lo pronto el BBVA, que de esto sabe mucho, ya advirtió ayer de que España decrecerá un 0,6 por ciento en 2010 -frente a un crecimiento del 0,7 en 2011-. Pero no hace falta fijarse en los datos macroeconómicos para deducir que esto va para largo, sino que también hay otras variables que nos aproximan a esta especie de atonía en la que ha entrado la economía. También este lunes se publicó la estadística de suspensiones de pagos, bastante esclarecedores sobre las repercusiones negativas que tiene la falta de actividad.
Resulta que en el caso de Jaén el número de negocios y particulares que han ido a la quiebra durante el primer semestre de este año se ha incrementado un 50 por ciento respecto al segundo de 2009, pasando de 18 a 27. La principal conclusión que se extrae de estos números, ciertamente preocupantes, es que la 'purga' en el tejido productivo de Jaén, poco competitivo y poco dimensionado, todavía no ha finalizado.
Los problemas de fondo siguen siendo los mismos. Por una parte, la imposibilidad de refinanciar la deuda. La necesidad de cobrar que tienen unos y otros condiciona cualquier tipo de negociación. Básicamente porque los impagos llaman a los impagos, por lo que las dificultades del que debe se contagian automáticamente a todo su entorno. Este apremio de liquidez se solucionaba antaño acudiendo al sistema bancario. Ahora existen múltiples trabas para renovar las socorridas pólizas o acceder a préstamos. El volumen de créditos concedidos al sector privado se redujo un 0,73 por ciento en Jaén en el primer trimestre del ejercicio, pasando de 12.073 millones de euros a 11.985, según el Banco de España. Por todo lo dicho se deduce que esto no es algo coyuntural. La tendencia a la baja se inició en el tercer trimestre de 2008 y ahora mismo continuamos por los mismos derroteros.
Donde sí se aprecia algún cambio, a mejor, es en el segundo de los factores que pone en la picota a muchas de las empresas que terminan en el juzgado. La morosidad se ha reducido más de 2,5 puntos en tasa interanual. Si en mayo de 2009 no se satisficieron en tiempo y forma el 7,66 por ciento los efectos de comercio -letras, pagarés, cheques...- con fecha de vencimiento en ese mes, en estos momentos nos movemos en el 4,95 por ciento. El único pero es que el importe medio de los pufos no ha menguado en este período que estamos analizando, sino que ha aumentado: de 2.617 euros a 2.738.
¿Qué les depara el futuro?
De los 27 concursos de acreedores registrados entre enero y junio, un total de 19 correspondieron a sociedades mercantiles y 8 a familias. ¿Qué les depara el futuro? Pues unos cuantos malos ratos. Los que llegan a este punto de ponerse en manos del juez están normalmente muy tocados, pero no necesariamente hundidos. De hecho, en marzo de 2009 se promulgó un real decreto que modificaba una ley de 2003 y que buscaba precisamente esto, que este tipo de procesos no fueran sinónimos de muerte. La dura realidad está demostrando que aquellas buenas intenciones se han quedado en eso, en un querer y no poder. De los 110 expedientes que habían llegado a la fase decisiva de extremaunción o balón de oxígeno, tan sólo siete, un 6,4 por ciento en términos relativos, se ha librado del cadalso. Ojo, mucho cuidado, que esto no quiere decir que estén salvadas y se puedan relajar. 'Sencillamente', previo informe de los administradores nombrados al efecto, han logrado lo que se conoce como 'convenio'. Para ello es condición 'sin equa non' que la parte perjudicada haga una quita -la normativa admite que sea hasta del 50 por ciento-. Si sucede esto, si se adoptan las medidas correctoras oportunas, habitualmente bastante dolorosas, y si se diseña un plan de actuación cien por cien riguroso, entonces sí que se tiende una línea de vida a la que el moribundo puede asirse.
Lo dicho. Los que lo han conseguido se pueden contar con los dedos de las dos manos y sobran tres. Lo normal es que a todos se les conceda un tiempo, hasta un máximo de cinco años, para que hagan correctamente los deberes, vayan reduciendo poco a poco sus débitos y sigan operativos en los mercados con cierta normalidad.
Ignacio Torres Sagaz es uno de los abogados jienenses más especializados en este tipo de asuntos. Su despacho ha llevado casos de gran repercusión mediática. Comenta que la principal razón de que la tasa de supervivencia sea tan baja es que «muchos acuden al procedimiento excesivamente tarde, cuando la capacidad de maniobra es más limitada». «Otra clave es la actitud de los reclamantes o de la administración tributaria, que muestran escasa disposición a alcanzar un acuerdo y que apuestan por la liquidación», señala Torres Sagaz. El tercer factor que influye negativamente es que «no se plantean planes de viabilidad basados en estudios estrictos».


